Selina Meyer puede ser la vicepresidenta de los Estados Unidos, pero tanto ella como su oficina son casi completamente incompetentes. Hacen chapuzas en la legislación y parece que no consiguen hacer nada. Los desastres de relaciones públicas parecen ocurrir a diestro y siniestro. Aunque la vicepresidenta Meyer tiene la vista puesta en la presidencia, su propio legado obstaculiza sus ambiciones.