En el sombrío margen entre la vida y la muerte se encuentra el hospital en el que Marian, una ascética enfermera de 40 años, se dedica como una santa a los enfermos graves y a los moribundos dándoles lo que suele ser su último contacto con el calor de un cuerpo vivo. A veces incluso asume el papel de redentora, y ayuda a sus pacientes a salir de su miseria enviándolos a la tranquilizadora orden de la muerte. Estos momentos son preciosos para Marian: para ella, la muerte es un momento de máxima intimidad. Fuera del hospital, Marian lleva una vida solitaria, impulsada por la perfección y el control. Sin embargo, de vez en cuando, sus sentimientos reprimidos surgen y la hacen alejarse de su rutina diaria: un día, conoce a un desconocido en el autobús, lo sigue instintivamente hasta el videoclub y fantasea con él. Cuando Marian vuelve a ver al hombre, se vincula involuntariamente a él en un acto de voyeurismo compartido. El repentino acto de intimidad entre ellos primero la repele y luego la fascina, la traspasa y la asusta. Ante la fragilidad de sus nuevas emociones, Marian se da cuenta de que debe ceder a sus necesidades humanas, aunque esta intimidad tenga un precio...